Grapín: un nuevo punto de encuentro en el corazón de San Telmo
Visitamos Grapín, en el corazón de San Telmo. Un lugar que abrió hace casi dos años y que, en poco tiempo, ya se convirtió en punto de encuentro. Grapín funciona en una antigua casona restaurada, una belleza de techos altos, espacios amplios y distintos ambientes que invitan a quedarse. Tiene una barra de tragos especialmente amplia, un hermoso patio y rincones que van cambiando según el momento de la noche.
Es un lugar espacioso y cálido, con luces tenues, donde se puede comer tranquilo y disfrutar de un menú que sorprende. También se puede tomar un cóctel, escuchar música y, sobre todo, ver qué está pasando… Porque en Grapín siempre parece estar pasando algo.
Hablamos con Emma, que está detrás de la organización del lugar y conoce cada rincón de esta casa que, además de restaurante, funciona como espacio para encuentros, música y distintos eventos.
Y hay algo que nos gustó especialmente: alrededor del 90% de la propuesta gastronómica es vegetariana. La propuesta tiene identidad propia y se diferencia de otros lugares, no solo de San Telmo sino también de la ciudad.
La cocina está pensada alrededor de platos delicados, con combinaciones que sorprenden y una carta que invita a probar cosas diferentes. A eso se suman una buena selección de vinos y cócteles que acompañan toda la experiencia.
Porque Grapín tampoco se queda quieto. Hay noches con música en vivo y propuestas especiales. Nosotros tuvimos la suerte de visitarlo una de esas noches junto a Pángaro, y la combinación entre la música, la comida y el ambiente hizo que la experiencia fuera todavía más especial.
Y Emma ya nos adelantó, en exclusiva, que se vienen nuevas propuestas: una noche cinéfila con proyección de películas, charla y buena comida. Una idea que encaja bastante bien con el espíritu del lugar.
Una cocina para descubrir
Con luces tenues y un ambiente relajado, Grapín tiene algo que se disfruta también sin apuro. Cada sector tiene su encanto: la barra, el patio, la sala, los sillones. Hay lugares para sentarse a comer, otros para tomar algo y otros donde simplemente quedarse un rato.
Es de esos espacios en los que por un momento parece que el ritmo de la ciudad queda afuera.
Empezamos con un hummus de remolacha, acompañado de salteado de chauchas y remolacha, garbanzos crispy y chipirones fritos. Una entrada que ya anticipaba que la propuesta iba por un lugar bastante diferente.
Después llegaron los platos principales…
El gnocchi soufflé de garbanzos, con salsa de choclo, queso de oveja, hierbas, avellanas y aceite de macha, es probablemente uno de esos platos que resultan todavía más ricos de lo que uno imagina al leer la descripción. Y eso que la descripción ya promete bastante.
También probamos la Girandela, con masa de carbón activado, cabutia asada, almendras, ricota, parmesano, manteca ahumada, pickles de mostaza, yema curada y orégano fresco. Una combinación que, al menos para nosotros, fue de esas que no aparecen todos los días en una carta. El paladar se entretiene descubriendo cada sabor.
Después, una pausa. Buena música, charla y ese momento en el que la cena empieza a bajar un cambio.
Y llegó la hora de los postres.
La crème brûlée de coco, con gel de mandarina, crema batida, gajos cítricos, quinotos en almíbar y menta, es una opción vegana que juega con distintas texturas y sabores.
Y el profiterol, una verdadera delicia.
Los cócteles acompañaron toda la velada y forman parte importante de la propuesta de Grapín: acá también hay una barra para quedarse un rato largo.
Además de la propuesta gastronómica, el lugar realiza eventos y distintas actividades, por lo que la experiencia puede cambiar bastante según el día en que uno vaya. A eso se suma un equipo cálido y atento, que hace que la visita resulte todavía más agradable.
En una zona privilegiada, a metros del Mercado de San Telmo y de Plaza Dorrego, Bolívar se encendió con todo.
Grapín cumple dos años el 10 de octubre. Dos años pueden parecer poco, pero viendo el movimiento del lugar, da la sensación de que esta casona de San Telmo encontró rápidamente su lugar. Y seguramente todavía tenga bastante más para contar.







Grapín: A New Meeting Point in the Heart of San Telmo
We visited Grapín, in the heart of San Telmo. A place that opened almost two years ago and, in a relatively short time, has already become a local meeting point. Grapín is housed in a beautifully restored old mansion, with high ceilings, spacious rooms and different areas that invite you to stay. There is an unusually large cocktail bar, a beautiful patio and corners that change depending on the time of night.
It is a spacious and welcoming place, with soft lighting, where you can take your time over a meal and enjoy a menu full of surprises. You can also have a cocktail, listen to music and, above all, see what is going on… Because at Grapín, there always seems to be something happening.
We spoke with Emma, who is behind the organization of the venue and knows every corner of this house, which, besides being a restaurant, also works as a space for gatherings, music and different events.
And there was something we particularly liked: around 90% of the food offering is vegetarian. The menu has a strong identity of its own and stands out from other places, not only in San Telmo but across the city.
The kitchen is built around delicate dishes, with surprising combinations and a menu that encourages you to try something different. There is also a good selection of wines and cocktails that complement the experience.
Because Grapín doesn’t stay still either. There are nights with live music and special events. We were lucky enough to visit on one of those nights, together with Pángaro, and the combination of music, food and atmosphere made the experience even more special.
Emma also gave us an exclusive preview of what’s coming next: a film night featuring screenings, conversation and good food. An idea that fits perfectly with the spirit of the place.
A Kitchen Worth Discovering
With soft lighting and a relaxed atmosphere, Grapín is the kind of place you can enjoy without rushing. Each area has its own charm: the bar, the patio, the dining room, the sofas. There are places to sit down for a meal, others to have a drink, and others where you can simply stay for a while.
It is one of those spaces where, for a moment, it feels as if the pace of the city has been left outside.
We started with beetroot hummus, served with sautéed green beans and beetroot, crispy chickpeas and fried baby squid. An appetizer that already hinted that this was going to be a rather different kind of dining experience.
Then came the main courses…
The chickpea soufflé gnocchi, with corn sauce, sheep’s cheese, herbs, hazelnuts and macha oil, is probably one of those dishes that turns out to be even better than you imagine from reading the description. And the description already sounds pretty promising.
We also tried the Girandela, made with activated charcoal dough, roasted butternut squash, almonds, ricotta, Parmesan, smoked butter, mustard pickles, cured egg yolk and fresh oregano. At least for us, it was one of those combinations you don’t come across every day on a menu. Every bite gives you something different to discover.
Then came a pause. Good music, conversation and that moment when dinner starts to slow down.
And it was time for dessert.
The coconut crème brûlée, with mandarin gel, whipped cream, citrus segments, candied kumquats and mint, is a vegan option that plays with different textures and flavors.
And the profiterole was an absolute delight.
The cocktails accompanied us throughout the evening and are an important part of the Grapín experience. This is also a bar where you can easily stay for a long while.
Beyond the food, the venue hosts events and different activities, so the experience can change quite a bit depending on when you visit. The warm and attentive team also makes the experience even more enjoyable.
In a privileged location, just steps from San Telmo Market and Plaza Dorrego, Bolívar has certainly come alive.
Grapín celebrates its second anniversary on October 10. Two years may not sound like much, but seeing the energy around the place, it feels as though this San Telmo mansion found its place very quickly. And it probably still has plenty more stories to tell.