CINE: Reseña de “STAR WARS: THE MANDALORIAN AND GROGU”
Por Matías Vitali
Finalizada la etapa del hype sobre un estreno muy esperado para los fans de Star Wars, se
estrenó The Mandalorian and Grogu, la película que continúa los acontecimientos de la serie
protagonizada por este Pedro Pascal escondido en su armadura y el simpático Baby Yoda. Pero
es inevitable hablar del resultado de este filme sin mencionar su punto de partida: la
desafortunada, fracasada y estúpidamente absurda tercera temporada de la serie.
Luego de una de las mejores creaciones que ha hecho Star Wars bajo la tutela de Disney, que
arrasó con una primera temporada que se sintió fresca, original y única, llegó una segunda
temporada que redobló la apuesta y nos regaló uno de los finales más épicos y emotivos de
toda la saga. La historia del mandaloriano y su vínculo con Grogu llegaba a lo más alto de su
arco y, sumada a la grandiosa aparición (fingiendo demencia con ese dudoso CGI) de Luke en
ese desenlace, la historia se encaminaba hacia un final digno, que mantenía a la serie en el
podio más alto de Star Wars.
Pero entonces aconteció una tercera temporada que nadie pidió y, junto a ella, llegó lo insólito
e inexplicable. No solo ofreció el argumento más aburrido de la historia, sino que el
protagonista ya dejaba de ser el mandaloriano y todo lo que había quedado planteado como
gancho en el final de la segunda temporada se resuelve… ¡en otra serie! (¡!) Claro, para
entender y disfrutar de lo que terminó pasando entre el niño y Din Djarin, no tenías que
continuar viendo la serie (que sería lo más lógico), sino ver The Book of Boba Fett. Y encima,
una serie cuyos primeros cinco episodios son un fracaso total: malísimos, aburridos y sin
despertar el interés de nadie. Entonces llegaron unos muy buenos últimos episodios que, en
realidad, deberían haber sido la tercera temporada de The Mandalorian. Pero no: esa tercera
entrega continúa desde un punto completamente nuevo, creando confusión, incoherencia
dramática y pésimas decisiones narrativas.
Y llegó, gracias a la Fuerza (del dinero de Disney), esta película que viene a devolverle la
dignidad que perdió, con esas maniobras, una de las mejores series de la franquicia. Serie que
incluso popularizó una nueva tecnología, hoy usada y multiplicada por diversas producciones, y
que se había ganado el respeto y el éxito de la crítica, del público y de los fanáticos. The
Mandalorian and Grogu nos presenta una continuación natural de la historia de este padre e
hijo, con un Grogu más entrenado en la Fuerza y con mayores habilidades de combate. Ambos
enfrentan diferentes enemigos en un contexto en el que el Imperio se niega a desaparecer y
pretende resurgir (en lo que años más tarde terminará siendo “La Primera Orden”, que
¿desarrolla? la trilogía de secuelas). Entonces, acá el filme va hacia lo concreto y simple que
supo ser en su espíritu original: una misión, un rescate, obstáculos, aventura, combates
espectaculares y una recompensa por ello. Fin.
Es que eso es todo lo que uno quiere de The Mandalorian. Esa simpleza y sutileza que supo
construir, esos silencios que se permitía aquella primera temporada, Pedro Pascal logrando
conmover incluso a través de un casco. La película está muy bien hecha, las escenas de acción
mantienen la tensión de manera impecable, el argumento es bastante sólido y las actuaciones
están acordes. En ese sentido, no encuentro fisuras muy evidentes en esta entrega. Cumple
con lo que promete y resulta muy entretenida.
Quiero destacar un tramo de la historia que vino a callarme justo cuando ya estaba por decir
que no había exploración profunda sobre el vínculo entre Grogu y Din Djarin, y que me pareció
lo más hermoso que tiene el filme. Un tramo (largo, por suerte) contado sin diálogos, a través
de la acción, que logra conmover hasta las lágrimas y que, de solo repasarlo mentalmente para
escribir estas líneas, hace regresar la angustia. Un momento acertadísimo y sensible, que
vuelve al corazón de lo que fue y es la serie. A la esencia de esos silencios, a la ternura inmensa
de “Baby Yoda” y al inevitable destino del vínculo entre estos dos compañeros perdidos en
esta galaxia muy, muy lejana.
Y aclaramos que es apta para todo público. No resulta tan necesario haber visto la serie para
disfrutar la película (aunque es obvio que es una buena idea hacerlo, ¿no?) y tampoco hace
falta ser fan de Star Wars para entenderla. Al contrario: está contada de un modo en que
cualquier persona puede verla. Y esto mismo es lo que da pie a mi comentario final: es una
buena película, que se siente como un episodio largo, independiente y autoconclusivo, pero
que no aporta nada nuevo al universo de Star Wars, ni siquiera al de la serie. Y si uno la piensa
como el final que la serie “no tuvo”, este filme tampoco lo es. Más bien, deja abierta la puerta
a una segunda película. Es un status quo inamovible, que se tambalea por un momento, pero
que se reconstruye sin más. La sensación al salir de la sala es la de haberla pasado muy bien,
pero con una pregunta dando vueltas: ¿qué vi?
¿Es el final enmendador? ¿La reivindicación luego del desastre mencionado? ¿Un episodio
suelto, sin contexto ni promesa futura? ¿Una película de Star Wars o una ciencia ficción de
aventura alienígena sin firma? ¿Qué vi? Sigo buscando la respuesta. Solo sé que recomiendo
verla, disfrutarla e imaginar libremente de dónde viene y hacia dónde va.