CINE: Reseña de “OBSESSION”
Por Matías Vitali
Llega a las carteleras un nuevo film de terror psicológico que promete convertirse en uno de
los favoritos de 2026. La trama sigue a Bear, quien utiliza un objeto capaz de conceder deseos
para atraer a Nikki, la amiga de la que está enamorado, desencadenando así una espiral de
consecuencias desastrosas.
Para cualquiera que haya crecido viendo historias donde un deseo sobrenatural fuerza el amor
de otra persona —desde cuentos clásicos hasta episodios de The Twilight Zone o Buffy the
Vampire Slayer—, el punto de partida de Obsession no resulta particularmente novedoso.
Sabemos desde hace décadas que manipular mágicamente el deseo ajeno solo puede terminar
mal. Pero la película encuentra una vuelta de tuerca interesante que no vamos a spoilear y que
tiene que ver con esa escena del llamado telefónico a la compañía que comercializa el objeto
mágico. Ahí, justo antes de que la promesa dramática se agote, el material ofrece su costado
más original y complejiza con nuevas capas lo que antes parecía un argumento más sencillo.
A su vez, esa subtrama que responde a la pregunta “¿Qué le está pasando a la consciencia de
la persona hechizada?” no está del todo explotada. Y, si bien había un enorme potencial
dramático para profundizar en ello, el guion elige dejarnos con ganas de más. Tal vez sea
justamente eso lo que hace funcionar el terror de la película: saber que Nikki, la verdadera, la
que yace debajo del hechizo, está padeciendo ese sometimiento. Eso funciona de manera
excelente y termina siendo el gran logro del film.
Como es de esperar, todo va tornándose más sórdido, y lo hace de maneras bastante
impredecibles, aunque algunas puedan anticiparse. La cámara realiza un trabajo correcto y
ciertas decisiones fotográficas resultan especialmente inquietantes. La tensión crece escena
tras escena, con momentos realmente desesperantes, escatologías que incomodan y algún
que otro jumpscare bastante bien colocado. Llega un punto en el que uno desea que la película
termine, porque se vuelve insoportable seguir imaginando formas de detener la obsesión que
el hechizo despertó en Nikki.
El material apuesta también por momentos de humor bien elegidos que, en general, potencian
el trauma. Aunque algunos de ellos se sienten forzados y algo desacertados —sobre todo
durante el clímax—, terminan restándole tensión a la historia justo cuando más debería
intensificarse. Las actuaciones están muy bien. Inde Navarrette, en el rol de Nikki, hace un
trabajo fantástico, apoyándose en una enorme versatilidad expresiva que responde a lo
insólito y lo inesperado para hacernos sentir constantemente desencajados.
En resumen: una de las películas de terror más sólidas de este 2026, que seguramente será
muy bien recibida por el público y que muchos pondrán bastante alto en su podio personal. El
entretenimiento está asegurado, aun cuando el guion corre el riesgo de volverse repetitivo en
su segundo acto. Un argumento viejo, pero muy bien reciclado, que se resignifica en nuestro
presente cuando pensamos en la naturaleza del deseo y en las formas de sometimiento
masculino, expresadas aquí a través de una potente metáfora mágica.