SERIES: Reseña de “Cien años de soledad” (Netflix)
Empezaré esta nota violando uno de los primeros preceptos periodísticos: no escribir en primera persona. De todos modos, al pretender ser un comentario y no una crítica, esa “prohibición” es mucho más laxa. Es que no puedo escribir sobre la adaptación de Cien años de soledad que produjo Netflix sin contarle al lector desde donde lo hago. Es lo más sincero y honesto y, permítaseme la digresión, creo que muchas veces (sobre todo en política) debería ser obligatorio.
Leí la que para mí es la novela latinoamericana por excelencia seis veces en mi vida, la última, unos días antes del lanzamiento de la serie. En cierta medida, Gabriel García Márquez es el responsable de que haya elegido al periodismo como modo de ganarme la vida. Así que, quizá, este texto no sea muy objetivo.
Cuando me enteré de la adaptación de la serie, temí. Confieso que la empecé a ver con el preconcepto de que jamás se acercaría al libro, que sería muy mala y que por qué la necesidad de llevarla a la pantalla cuando Gabo siempre se había negado. Nunca un preconcepto fue desterrado con tanta rapidez como cuando el narrador de la serie pronunció sobre las imágenes del mítico Macondo la ya inmortal “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Es que la calidad de la fotografía, de la musicalización, de la construcción de ese pueblo que está en la memoria colectiva de todos los lectores del mundo y, por supuesto, de las actuaciones de un elenco íntegramente latinoamericano demuestran que la serie es por sí misma un hecho artístico. Es un caso de transposición mediática del libro al audiovisual en el que los dos soportes salieron ganando.
Quizá la clave esté en que no se pretende copiar el libro tal cual, sino reescribirlo para otro formato, respetando la historia, los personajes, la esencia y el recurso literario de la puesta en abismo de uno de los mejores finales de la literatura latinoamericana, pero eligiendo qué resaltar, en qué hacer más foco. Por eso es destacable el equipo de guionistas, integrado casi íntegramente por mujeres. También es una mujer la directora, Laura Mora, acompañada en la codirección por Carlos Moreno. El talento femenino cada vez avanza más en una industria que, como la mayoría, suele ser tierra de hombres.
En ese elegir qué contar, por supuesto está presente el realismo mágico. No sería Cien años de soledad de otro modo. Así, no faltan las percepciones de Úrsula Iguarán, la autoprofecía de la muerte de Amaranta, la ascensión al cielo de Remedios la bella, las mariposas amarillas que rodean a Mauricio Babilonia, las flores amarillas que llueven el día de la muerte de José Arcadio Buendía, el diluvio bíblico de cuatro años, 11 meses y dos días, y muchos otros pasajes del libro que los lectores seguramente recordarán.
Pero también, y eso es lo interesante, está resaltada la dimensión política de la novela. Probablemente era fácil y cómodo para un gigante de la industria como Netflix esquivar ese barro y quedarse solo con lo mágico. Afortunadamente, fueron por todo. Así que además de las luchas entre conservadores y liberales en las que se enfrascó en coronel Aureliano Buendía, en la serie está perfectamente desarrollado todo el conflicto con la United Fruit Company. Tanto que el capítulo 6 de la segunda temporada está destinado a contar la huelga de los trabajadores contra la compañía bananera, la masacre de obreros que llevó a cabo el gobierno y el intento de José Arcadio Segundo por mantener viva la memoria ante el pacto de silencio y olvido. “Eran más de tres mil”, repite hasta el día de su muerte, con la psiquis completamente quebrada por el horror que vivió. Y es imposible que ese “eran más de tres mil” (así se llama el capítulo, detalle no menor) no resuene a los 30 mil desaparecidos de Argentina y al resto de desaparecidos por las dictaduras de todo el continente.
En definitiva, la adaptación de Cien años de soledad es una joya en catálogo de Netflix que vale la pena apreciar, quitándose todos los prejuicios que uno pueda tener. Es una super producción que demuestra que al sur del Río Grande también podemos hacer productos audiovisuales de gran valía. Los lectores del libro vivirán la experiencia de un Macondo plasmado en la pantalla, con los Aurelianos y José Arcadios y demás personajes de carne y hueso. Y para los que nunca lo leyeron es una excelente oportunidad para acercarse a la obra de García Márquez. Vale la pena.