CINE: Reseña de “UNA CHICA INVISIBLE”
Finalmente se estrena la ópera prima de Francisco Bendomir. Demorada por la pandemia de COVID-19 y el cierre de las salas de cine, Una chica invisible encontró su estreno el 13 de agosto a través de Cine.Ar Estrenos. La historia nos presenta a Andrea (Andrea Carballo), una mujer sumida en una profunda depresión que contempla el suicidio después de que el video de una humillante audición se vuelva viral. Al mismo tiempo, un hacker llamado Daniel (Javier De Pietro), contratado por su expareja, la observa a través de cámaras instaladas en su departamento, mientras su hija Juana (Lola Ahumada, una verdadera revelación) sueña con convertirse en una estrella de YouTube.
A partir de estos elementos, el guion comienza a desplegar el gran tema de la película: la soledad. Bendomir construye una red de personajes aislados y vínculos frágiles que se ramifica sin perder cohesión. Hay un notable trabajo en la creación de los espacios que habitan sus protagonistas; ambientes que expresan esa distancia física y emocional que atraviesan sus vidas.
Como director y guionista, Bendomir demuestra un pulso cinematográfico sólido. Cada secuencia evidencia una puesta en escena segura y consciente de sus recursos, y a medida que la historia avanza logra una de las tareas más difíciles del cine: que nos importe genuinamente el destino de sus personajes.
Las actuaciones acompañan con gran naturalidad, y el relato nunca pierde el rumbo. Incluso se permite momentos de riesgo y sensibilidad, como una hermosa secuencia de animación con impronta japonesa, una apuesta poco habitual dentro del cine nacional que termina integrándose con sorprendente organicidad al conjunto.
El mayor acierto de la película reside en cómo trabaja aquello que permanece fuera de campo: lo invisible, lo que no vemos pero condiciona la vida de los personajes. Aunque en un par de escenas el subtexto se vuelve más explícito de lo necesario, particularmente a través de diálogos o elementos externos que reiteran ideas ya comprendidas, estos tropiezos menores no alcanzan a opacar la precisión con la que Bendomir maneja la información y el suspenso.
Una chica invisible es divertida, conmovedora y tiene mucho para decir sobre la forma en que nos relacionamos en tiempos de Zoom y exposición permanente. Habla de la necesidad de ser vistos y, al mismo tiempo, del deseo de desaparecer; de los vínculos que construimos y de aquellos que apenas simulamos sostener.
Es una película que no teme mostrar su corazón. Lo hace sin golpes bajos, con sensibilidad, humor y una genuina libertad creativa que invita a seguir de cerca el futuro de Francisco Bendomir como cineasta.